domingo, 7 de noviembre de 2010

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sábado, 6 de noviembre de 2010

la glucosa y diabetis

 diabetis

 Diabetes de tipo 1Las personas que padecen diabetes de tipo 1, o las que padecen diabetes tipo II y están recibiendo tratamiento con insulina, deben medir su nivel de glucosa en sangre al menos una vez al día: por la mañana antes de desayunar, o a la hora de acostarse. Medir los niveles de glucosa en sangre antes del desayuno permite ajustar la cantidad adecuada de insulina en función de los valores de glucosa que pueden fluctuar de unos días a otros.

También deben efectuar un perfil de los niveles de glucosa durante 24 horas dos veces por semana. Esto implica medir los niveles de glucosa en sangre antes de cada comida y antes de acostarse.

Diabetes de tipo 2

Los pacientes que sufren diabetes de tipo 2 en tratamiento con dieta solamente, o con dieta y comprimidos orales, deben medir su nivel de glucosa en sangre una o dos veces por semana, antes de las comidas ó 1½ horas después de las mismas.
Asimismo, deben efectuar un perfil de 24 horas una o dos veces al mes. En cualquier caso, deben consultar con su médico. De esta forma, se reduce el riesgo de desarrollar complicaciones tardías de la diabetes.


Niveles de glucosa en sangre a la hora de acostarse

El nivel de glucosa en sangre a la hora de acostarse debe estar entre 126-180 mg/dl (7 y 10 mmol/l) .
Si a dicha hora la glucosa en sangre es muy baja o muy alta de forma repetida, es posible que necesite modificar la dieta que realiza o la dosis de insulina. No olvide consultarlo con su médico.

¿Cuándo debe medirse la glucosa en sangre?

La glucosa en sangre debe medirse siempre que no se sienta bien o cuando crea que puede ser excesivamente alta o baja. También durante las enfermedades que conlleven fiebre de más de 37,8º C.
Los enfermos diabéticos cuyo nivel de glucosa en sangre sea alto (superior a 360 mg/dl; 20 mmol/l) y que presenten indicios de azúcar en la orina deben comprobar que ésta no tenga acetona. Para ello pueden utilizar una tira para determinación de acetona en orina.
Si aparece acetona en la orina, es una señal de advertencia de que está iniciándose una acidosis diabética. En ese caso deben consultar sin demora al médico.


 ¿Qué es la hemoglobina glicosilada?

El análisis de hemoglobina glicosilada en sangre (HbA1c) indica la cantidad de hemoglobina de la sangre que está unida a la glucosa. Esto significa que una molécula de hemoglobina del organismo se ha unido a una molécula de glucosa.
Es un indicador del tiempo que ha permanecido excesivamente elevada la glucemia y refleja el efecto de los niveles de glucosa presentes durante las últimas 6-8 semanas.
Este análisis se debe realizar con sangre obtenida del brazo del paciente.
El porcentaje normal está comprendido entre el 6% y el 7%. No hay unas cifras idénticas sobre los valores normales de hemoglobina glicosilada en diversos hospitales, pero en términos generales, se puede afirmar que para un diabético, un nivel de:
  • 7%-8% suele ser adecuado.
  • 8%-10% esta algo elevado.
  • Un valor superior al 10% es demasiado alto

martes, 19 de octubre de 2010

MITOS SEXUALES


Los mitos sexuales se extienden como los rumores, y tienen tanto fundamento como éstos. Una opinión no fundada sobre algo relacionada con el sexo, y expresada con la convicción que suele acompañar a la ignorancia, se convierte fácilmente en una creencia de toda una comunidad o generación.
Esta falsa creencia comienza a divulgarse como algo comprobado y real, y se convierte en un mito. Los mitos se desarrollan a veces precisamente porque parece que tienen sentido o porque deseamos que sean verdad. La libre información sobre la realidad, y los cambios socioculturales hacen que los mitos sexuales dejen de serlo. Los mitos sexuales muestran la escasa, y muchas veces falsa, información de nuestra sociedad sobre el sexo.

Algunos de estos mitos más frecuentes son los siguientes:
  • Mitos sobre el embarazo Embarazo
- La dieta alimenticia de la mujer durante el embarazo influye en el sexo del niño.
- Una mujer sólo puede quedar embarazada a través del coito o de la inseminación artificial.
- El coito durante el embarazo puede perjudicar la salud o hacer daño al feto.
- Durante el embarazo se debe evitar el coito.
- Para que la mujer quede embarazada es necesario que hombre y mujer alcancen el orgasmo a la vez.
  • Mitos sobre la eyaculación precoz (E.P.)
- Sólo tiene E.P. el hombre que eyacula antes de penetrar.
- La E.P. la padecen sólo los hombres jóvenes.
- La E.P. se debe a defectos o trastornos físicos, de la próstata, fimosis, etc.
- Todo hombre que tiene una fuerte impulso sexual tiene E.P.
- La eyaculación precoz se quita siempre con el tiempo.
- La E.P. se quita con inyecciones, pomadas, pastillas, o intervención quirúrgica.
- Un remedio contra la E.P. es pensar en cosas raras, desagradables, o ajenas al coito.
  • Mitos sexuales en general 
medico- Los médicos en general están preparados para tratar los problemas sexuales de sus pacientes.
- La impotencia en los hombres mayores es siempre producida por factores físicos.
- Los negros gozan de un mayor impulso y potencia sexual que los blancos.
- El hombre con un pene grande tiene mayor potencia sexual que el que tiene un pene pequeño.
- La esterilización reduce el impulso sexual del hombre o de la mujer.
- El deseo y la potencia sexual disminuye considerablemente a partir de los 40 ó 50 años.
  • Mitos sobre la masturbación
- La masturbación es una práctica limitada casi exclusivamente a los hombres.
- La masturbación durante la pubertad disminuye la potencia sexual en el hombre adulto.
- La masturbación es físicamente dañina y disminuye la potencia sexual.
- La masturbación muy frecuente conduce a la homosexualidad.
- La masturbación es un hábito propio de las personas jóvenes e inmaduras.
- La masturbación en el hombre o en la mujer es señal de que algo no va bien en su sexualidad. 


    • Mitos sobre la menstruación
    mujer- Las relaciones sexuales durante la menstruación tienen el peligro de infección o contaminación.
    - Durante el periodo menstrual, la mujer no está preparada para tener relaciones sexuales.
    - Es peligroso tener relaciones sexuales durante la menstruación.
    - Durante la menstruación, las mujeres no deben practicar deportes, ni bañarse, ducharse o lavarse la cabeza.
    • Mitos sobre las relaciones de pareja
    - Una buena relación sexual requiere un orgasmo.
    - La relación sexual sólo es plena cuando hombre y mujer llegan al orgasmo a la vez.
    - Los orgasmos simultáneos son necesarios para la compatibilidad sexual de la pareja.
    • Mitos sobre la sexualidad femenina
    - La vida sexual de la mujer termina con la menopausia.
    - La satisfacción sexual de la mujer depende del tamaño del pene.
    - No está bien visto que la mujer tome la iniciativa en la relación sexual.
    - La ausencia del himen prueba que una mujer no es virgen.
    - La mujer llega al orgasmo al sentir la penetración del pene.
    - Toda mujer llega al orgasmo, pero algunas no lo sienten.
    • Mitos sobre la sexualidad masculina
    - La impotencia es natural e irreversible en el hombre de edad.
    - Impotencia significa pérdida de virilidad.
    - El hombre siempre está dispuesto a tener relaciones sexuales.
    - Si el hombre no se excita en una situación sexual "es anormal" o "no funciona bien".
    - El hombre que funciona bien sexualmente tiene erección siempre que ve a una mujer.
    - La práctica sexual requiere siempre una buena erección (cuanto mayor mejor).
    - Un pene pequeño no puede proporcionar placer a la mujer.
    - El hombre no debe decir nunca que "no" al sexo.
    - El hombre tiene que tener una erección total para tener orgasmo o eyacula
    r.

    viernes, 15 de octubre de 2010

    EL EMBARAZO

    • El factor Rh y el embarazo ¿Cuál es la relación?





    ¿Estás planeando ser mamá y te preocupa que tu esposo y tú no sean “compatibles” en cuanto al tipo de sangre? ¿Te han dicho que si tienes Rh Negativo debes someterte a un tratamiento antes o durante tu embarazo para que tú o tu bebé no tengan problemas? En Vida y Salud te contamos qué tiene que ver el factor Rh de tu sangre con un embarazo normal y saludable.
    Es probable que hayas escuchado hablar de las complicaciones en el embarazo por cuenta del Rh de la sangre. Si es así, me gustaría empezar por el principio.  ¿Qué es el factor Rh? En la superficie de los glóbulos rojos de la sangre se encuentra una proteína que determina el factor Rh. Si tú la tienes, entonces eres Rh positivo; si no, eres Rh negativo. Esto se suma a que existen cuatro grupos sanguíneos: A, B, AB y O. De ahí que cuando hablamos del tipo de sangre se hable del grupo y luego del factor Rh.
    • Embarazo y Rayos X: ¿Qué tan seguros son?





    Te apuesto a que más de una vez has escuchado que los rayos X o las radiografías no son recomendables para una mujer embarazada porque la radiación puede hacerle daño al bebé. Pero esto no es del todo cierto. Para despejar las dudas y hablar con la verdad sobre este tema controversial, sigue leyendo. Aquí te presentamos una serie de preguntas y respuestas sobre qué tan seguros son los rayos X durante el embarazo.
    Es muy probable que cuando hayas ido al médico a que te hicieran un examen con rayos X o te sacaran una radiografía, te hayan preguntado si estás embarazada, o si sospechas que lo estás. Por mucho tiempo se ha dicho que las radiaciones que vienen de estos rayos pueden dañar al bebé en desarrollo. Sin embargo, es curioso, pero aunque te sorprenda, los rayos X son considerados seguros, incluso durante el embarazo. Eso sí, hay que tener en cuenta varios aspectos. La clave es ponerlo sobre una balanza: una radiografía debe tomarse  si sus beneficios son mayores a los daños que puede causarte.

    • Como evitar la muerte súbita en los bebés





    El síndrome de muerte infantil súbita – SMIS (también conocido como síndrome de muerte súbita del lactante – SMSL) es la muerte repentina e inexplicable de un niño menor de un año de edad. El SMIS o SMSL, a veces conocido como muerte de cuna, afecta a casi 5.000 bebés en los Estados Unidos todos los años. Los médicos y las enfermeras no conocen la causa del SMIS, pero han descubierto algunas cosas que puedes hacer para proteger a tu bebé.
    Esto es nuevo, a tu mamá, y a ti si tienes otros hijos, se le ha dicho que los bebés deben dormir boca abajo. Ahora los médicos y las enfermeras creen que menos bebés morirán de SMIS si la mayoría de ellos duermen de espaldas.
    • El bebé prematuro o que nace antes de tiempo

    Cuando un bebé nace antes de la semana 37 de embarazo, se considera un bebé prematuro. Por lo general, mientras más temprano nazca, más pueden ser los problemas que pueden surgir y más los cuidados que debe recibir tu bebé. Sigue leyendo y aprende más acerca de los bebés prematuros y de los cuidados que necesitan.
    Seguro has escuchado historias de alguien que nació “sietemesino” o de siete meses. Muchas de esas personas son normales y no tienen problemas de salud. Los nacimientos de bebés prematuros constituyen entre un 8% y un 10% de los nacimientos en los Estados Unidos. Cuando un bebé nace antes de tiempo, pesa mucho menos de lo que pesa un bebé que nace a término. Esto sucede porque el bebé experimenta su fase de máximo crecimiento durante las últimas 8 semanas de embarazo.
    El bebé que nace antes de lo esperado puede tener problemas de salud debido a que sus órganos no tuvieron tiempo de desarrollarse bien. El sistema respiratorio es uno de los más afectados cuando un bebé nace antes de su término. Los pulmones aún no han terminado de madurar, no tienen la capacidad de contener el aire del ambiente. Por eso, es necesario darles ayuda de forma artificial.
    • Si subes demasiado de peso durante el embarazo, tu bebé está en riesgo de ser obeso




    Estar embarazada significa, inevitablemente, aumentar de peso. Es parte normal del proceso de crecimiento de tu bebé y de su desarrollo normal. Pero ¡cuidado! Si aumentas de peso en exceso te puede traer problemas de salud e incrementar el riesgo de que tu bebé sea obeso. En Vida y Salud te contamos más sobre el aumento de peso recomendado durante el embarazo y qué consecuencias trae el excederse.
    ¿Estás embarazada? Tal vez te hayan dicho que no importa comer de más, porque ahora estás comiendo “por dos”. Pero antes de que te sientes a darle rienda suelta a la “gula”, piensa en tu salud y en la de tu bebé. Si bien el aumento de peso durante el embarazo es inevitable, existen ciertas pautas que indican cuánto peso deberías aumentar dentro de lo que es saludable para ti y tu bebé.
    • ¿Embarazada? Evita riesgos en el trabajo






    Tu lugar de trabajo, ¿es seguro para ti y para tu futuro bebé?  Esto es en lo que te debes fijar y lo que tienes que evitar:
    Una mujer embarazada tiene que ver a su lugar de trabajo con ojos nuevos. Lo que antes pudo haber sido un ambiente seguro para ti antes del embarazo ahora podría perjudicar al feto en desarrollo. Mira a tu alrededor. ¿Tu trabajo requiere que uses o estés cerca de solventes, pinturas, diluyentes de pintura (thinner), productos de limpieza, gases, humo, pesticidas, productos químicos como el plomo y el mercurio, monóxido de carbono, benceno o formaldehído? ¿Hay posibilidad de que vas a estar expuesto a la radiación? ¿Trabajas en un consultorio dental, médico o veterinario donde has estado expuesta al óxido nitroso
    • Guía para entender las pruebas o exámenes prenatales de rutina

    • Como manejar la fatiga en el trabajo cuando estás embarazada

    La sensación de cansancio durante tus primeras semanas de embarazo es normal. Pero, ¿cómo manejarla en el trabajo? Trata de no recurrir a la cafeína – aquí está el porqué:
    La mayoría de las mujeres sanas pueden trabajar durante su embarazo sin ningún impacto negativo en sus bebés. El único síntoma relacionado con el embarazo que puede afectar a tu rendimiento en el trabajo durante tus primeras cuatro semanas es la fatiga. Si te sientes cansada en el trabajo, acuéstate temprano y descansa más durante la noche. O si hay un sofá o una silla cómoda en el trabajo, toma una siesta durante el almuerzo. Pídele a una compañera de trabajo que te despierte o llévate un reloj despertador para que no te pases toda la tarde dormida.
    Trata de no confiar en tu latte doble favorito para permanecer alerta. Aunque los estudios muestran que el consumo moderado de cafeína probablemente es seguro durante el embarazo, el exceso puede tener peligros.
    • ¿Parto por cesárea? Tiene ventajas y desventajas

    Tu embarazo ha llegado a su final. El arribo de ese precioso bebé es inminente y aún tienes muchas preguntas. Has esperado durante 9 meses y quieres darle la mejor bienvenida a este pequeño que ha esperado pacientemente dentro de ti. Muchos pensamientos vienen a tu mente y es difícil tomar las decisiones requeridas. Una de las más difíciles, es elegir entre un parto natural y un parto por cesárea. Sigue leyendo este artículo y aprende lo que hay que saber acerca de las cesáreas.
    Aunque la decisión de tener un parto por cesárea no se toma días antes de recibir a tu bebé sino con mucha anticipación, algunas mujeres mantienen dudas al pensar que no han tomado la mejor opción. Mientras que en el parto natural los bebés nacen a través de la vagina, en una cesárea los bebés nacen a través de una incisión en el abdomen. Los médicos llevan a cabo una intervención quirúrgica (operación) para dar paso a la llegada del bebé.
    • ¿Es verdad que durante el embarazo te dan antojos de algunas comidas?

    Sí, es verdad. Pero no te sugestiones por lo que ves en las películas o con los dichos populares. Por ejemplo, no es cierto que los niños nazcan con manchas por culpa de un antojo que la madre no pudo satisfacer. Es normal que algunos de tus gustos con respecto a la comida cambien durante tu embarazo, y no debes asustarte por eso. En Vida y Salud te contamos porqué suceden estos cambios y qué puedes esperar.

    Es cierto que algunos de tus gustos pueden cambiar durante el embarazo. Es posible que repentinamente rechaces algunas de tus comidas favoritas, como el mole o el pescado frito. Y que extrañamente se te antojen alimentos que nunca habías probado o que no te gustaban antes de quedar en estado, como el queso fresco o una tortilla de pollo con caramelo rarísima.

    miércoles, 13 de octubre de 2010

    la memoria


    La memoria es una función del cerebro y, a la vez, un fenómeno de la mente que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar información.Surge como resultado de las conexiones sinápticas repetitivas entre las neuronas, lo que crea redes neuronales (la llamada potenciación a largo plazo.
    Experimento de Memoria espacial en ratones
    La memoria permite retener experiencias pasadas y, según el alcance temporal, se clasifica convencionalmente en: memoria a corto plazo (consecuencia de la simple excitación de la sinapsis para reforzarla o sensibilizarla transitoriamente), memoria a mediano plazo y memoria a largo plazo (consecuencia de un reforzamiento permanente de la sinapsis gracias a la activación de ciertos genes y a la síntesis de las proteínas correspondientes).
    En términos prácticos, la memoria (o, mejor, los recuerdos) son la expresión de que ha ocurrido un aprendizaje. De ahí que los procesos de memoria y de aprendizaje sean difíciles de estudiar por separado.
    El estudio de la memoria suele centrarse sobre todo en los homínidos, ya que éstos presentan la estructura cerebral más compleja de la escala evolutiva. No obstante, el estudio de la memoria en otras especies también es importante, no sólo para hallar diferencias neuroanatómicas y funcionales, sino también para descubrir semejanzas. Los estudios con animales suelen realizarse también para descubrir la evolución de las capacidades mnésicas y para experimentos donde no es posible, por ética, trabajar con seres humanos. De hecho, los animales con un sistema nervioso simple tienen la capacidad de adquirir cocimiento sobre el mundo, y crear recuerdos. Por supuesto, esta capacidad alcanza su máxima expresión en los seres humanos.[2]
    El cerebro humano de un individuo adulto estándar contiene unos 100.000 millones de neuronas y unos 100 billones de interconexiones (sinapsis) entre éstas.[3] Aunque a ciencia cierta nadie sabe la capacidad de memoria del cerebro, ya que no se dispone de ningún medio fiable para poder calcularla, las estimaciones varían entre 1 y 10 terabytes.[4] Según Carl Sagan, tenemos la capacidad de almacenar en nuestra mente información equivalente a la de 10 billones de páginas de enciclopedia.[5]
    No existe un único lugar físico para la memoria en nuestro cerebro.[6] La memoria está diseminada por distintas localizaciones especializadas. Mientras en algunas regiones del córtex temporal están almacenados los recuerdos de nuestra más tierna infancia, el significado de las palabras se guarda en la región central del hemisferio derecho y los datos de aprendizaje en el córtex parieto-temporal. Los lóbulos frontales se dedican a organizar la percepción y el pensamiento. Muchos de nuestros automatismos están almacenados en el cerebelo.
    Los primeros estudios sobre la memoria comenzaron en el campo de la filosofía, e incluían las técnicas para mejorar la memoria. A finales del siglo XIX y principios del XX, la memoria pasó a ser el paradigma por excelencia de la psicología cognitiva. En las últimas décadas se ha convertido en uno de los principales pilares de una rama de la ciencia conocida como neurociencia cognitiva, un nexo interdisciplinario entre la psicología cognitiva y la neurociencia.

    sábado, 9 de octubre de 2010

    LA REBELDIA DE NOSOTROS LOS ADOLESCENTES

    Una conversación sorprendente
    Un personaje norteamericano visitaba en cierta ocasión una ciudad al norte de su país y le llamó la atención un joven a quien veía todos los días tumbado en el césped. Entabló con él una conversación que fue más o menos así:
    -¿Tú no estudias?, ¿no tienes ocupación?
    -¿Como cuál? -dijo el chico, entreabriendo un ojo.
    -Podrías estudiar.
    -¿Para qué?
    -Para ingresar más adelante en la universidad.
    -¿Para qué?
    -Para obtener un título y poder trabajar.
    -¿Para qué?
    -Para poder ganar mucho dinero.
    -¿Para qué?
    -Pues..., para que puedas adquirir una buena casa, y muchas cosas más -contestó aquel hombre, ya un poco perplejo.
    -¿Para qué?
    -Para que en tu vejez disfrutes de lo que tienes y descanses.
    -Pues eso es justo lo que estoy haciendo ahora: descansar.

    A la gente joven no se le pueden hacer planteamientos como los que este personaje ofrecía a aquel chico. Con ideales de ese tipo es difícil dar sentido a la vida de nadie.
    Y el caso es que a veces, con nuestros cortos ideales, podemos darles bastante motivo para pensar así. Y se une a que la etapa adolescente facilita un cierto aire desmitificador, como de persona que cree que ya lo ha visto y probado casi todo -y casi siempre con cierta decepción-, y no encuentran sentido a casi nada. Algo parecido a lo que queda caricaturizado en esta anécdota.
    Pueden pasar por una fase en la que parece como si para ellos lo importante fuera sólo lo inmediato, y no se atreven a creer en nada más, porque tienen miedo a decepcionarse luego. Prefieren creer en poco y esperar en nada, porque así se sienten más seguros.
    Cuando veamos que les sucede algo de esto, hay que procurar darles ánimos y respaldar su confianza en sí mismos. Decirles que es mejor soñar un poco aunque luego a veces uno se equivoque. Tener esperanza, aunque a veces se vea defraudada.
    Apostar por algo en la vida,
    sin resignarse a que todo siga
    en la mediocridad.

    Idealismo y vanidad. La fábula de Narciso.
    Cuenta la leyenda que Narciso era hijo de un río y de una ninfa. Y por lo visto era un niño muy guapo.
    Narciso fue creciendo, y pronto fue un joven apuesto. Lo malo es que rechazaba el amor que le ofrecían y permanecía insensible al cariño de los demás. Sólo estaba pendiente de sí mismo. Así fueron pasando los años hasta que un día de mucho calor, después de una cacería, el muchacho se detuvo en una fuente para refrescarse. Al inclinarse para beber, Narciso vio su imagen reflejada en las aguas..., y se enamoró perdidamente de su propia figura.
    Y allí se quedó Narciso, días y días, semanas y semanas, indiferente a todo lo que le rodeaba. Y allí, inmóvil como una estatua, absorto en la contemplación de su propia imagen, se dejó consumir por el hambre y la soledad hasta desvanecerse y caer sin vida sobre la hierba. Esta vieja leyenda ha dado el nombre de narcisismo a esa ingenua vanidad de quienes ante el espejo alimentan sin cesar la admiración hacia sí mismos.
    La tragedia de Narciso tiene otras formas mucho más corrientes, más a nivel de calle. Aparece como un idealismo, ingenuo y perezoso a la vez, que inunda los afanes de muchas chicas y chicos jóvenes. Están llenos de proyectos: van a ser grandes genios, egregios artistas, creadores incomparables...; y a continuación reconocen que van mal en sus estudios, que jamás leen un libro, que no saben lo que es madrugar.
    Piensan que están llamados a ocupar puestos preeminentes, que están destinados a ser como aquel gran empresario que se hizo a sí mismo en unos pocos años y ahora es inmensamente rico. Imaginan que triunfar en la vida es un camino sencillo, de sueño azul, glorioso, placentero y gratificante.
    Van por la calle imaginando las miradas de admiración, las miradas de envidia, que sin duda le dirigen los conductores, los peatones, todos.
    Y un día reciben un halago (quizá de cumplido) por algo que han hecho, y ya se ven como un nuevo Mozart o un nuevo Goya. Y en seguida creen ser un genio mundial, un superhombre. Y se comportan como piensan que corresponde a alguien así, de forma anárquica y distinta, como un hombre al que poco queda que aprender, y que vivirá con sólo sacar un poco de partido a su inmenso talento.
    Pero la vida no suele ser así. Porque la realidad es terca.
    Y para hacer cualquier cosa seria en la vida,
    hay mucho que trabajar,
    mucho que aprender,
    mucho que tachar.

    Han de comprender que nunca podrán crear si anteponen hoy sus sueños a la realidad. Quizá convenga recordarles aquello de Thomas Edisson de que el genio se compone de un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración, de sudor, de trabajo.
    -Pero decías antes que era bueno que fueran personas con ideales altos...
    Sí, pero tan importante como tener grandes proyectos e ideales es aprender a traducirlos en una lucha ordinaria de la dura realidad de cada jornada, porque hay demasiado idealista que se ha dejado ganar terreno por los halagos de la vanidad o la simpleza.
    La vanidad lleva a creerse algo distinto a lo que uno realmente es. El vanidoso piensa que hace maravillas y se siente herido si los demás no lo valoran. El hechizo de la vanidad los problematiza y sufren tremendamente.
    --¿Y qué remedios propones?
    El mejor remedio es un poco de realismo:
    para unos, será comprender que los genios suelen ser inteligencias trabajadas por un estudio profundo;
    para otros, abrir un poco los ojos y descubrir las cualidades de los demás, que es una excelente forma de aprender;
    para los que pasan horas ante el espejo y aún así no están seguros de que les guste lo que reflejan, ser menos puntillosos en cuanto a su aspecto físico;
    para todos, rechazar el engañoso halago de la adulación (propia o ajena), y comprender que el objetivo de la vida no puede ser algo tan pasajero como la opinión ajena o el brillo de los aplausos.
    Los personajes famosos, esos que saborean las mieles de la gloria, cuando son un poco sensatos -y sinceros- reconocen que sólo con esas satisfacciones no se puede llenar una vida. Que vale más un poco de cariño que todos los aplausos del mundo. Que, a veces, han logrado todos esos aplausos pero, en esa lucha, han perdido el cariño de los suyos, y están tristes.
    Hay que aspirar a ser buena persona y a ser coherente con uno mismo. También se puede desear que los demás lo crean así, y lo valoren. Pero esto último ya es más difícil y, sobre todo, menos importante. Muchas veces hay que contentarse -y no es poco, es lo principal- con estar satisfecho con uno mismo. El aplauso que importa y que de verdad satisface es el que proviene de nuestro interior, de la conciencia de la obra bien hecha.

    La fiebre del "no es esto"
    Cuenta la tradición que, en cierta ocasión, un bandido llamado Angulimal fue a matar a Buda. Y Buda le dijo: "Antes de matarme, ayúdame a cumplir un último deseo: corta, por favor, una rama de ese árbol."
    Angulimal le miró con asombro, pero resolvió concederle aquel extraño último deseo, y de un tajo hizo lo que Buda le había pedido.
    Pero luego Buda añadió: "Ahora, por favor, vuelve a pegar la rama al árbol, para que siga floreciendo."
    "Debes estar loco -contestó Angulimal- si piensas que eso es posible."
    "Al contrario -repuso Buda-, el loco eres tú, que piensas que eres poderoso porque puedes herir, matar y destruir. Eso es cosa fácil, de niños. El verdaderamente poderoso es el que sabe crear y curar."
    Para destruir, para arrasar, para gritar de forma estéril, para estar diciendo siempre que todo esta mal, que no es esto...; para todo eso no hace falta arte, ni ciencia, ni esfuerzo, ni cualidades.
    -De todas formas, siempre he preferido la rebeldía al conformismo burgués, porque pienso que no estar satisfecho del mundo en el que se vive y querer cambiarlo es algo digno de alabanza.Yo también, pero la rebeldía, que es necesaria, debe reunir ciertas condiciones, y quizá la primera sea saber contra qué nos rebelamos.
    -Contra el mal, contra la injusticia, contra la mediocridad...
    Bien. Pero empezando por el mal, la injusticia y la mediocridad que haya en uno mismo. No podemos ser como esos rebeldes de pacotilla que ni estudian, ni dan ni golpe, ni pueden ponerse a nadie como ejemplo de nada. Lo suyo más que rebeldía son ganas de incordiar.
    La historia está llena de ejemplos de rebeldes que cuando llegaron al poder se volvieron burgueses. Y de rebeldes que, al fracasar, se convirtieron en resentidos que sólo sabían hacer crítica destructiva.

    Es muy fácil decir que algo está mal
    y que hay que cambiarlo.
    Lo difícil -y lo que hace falta-
    es aportar ideas positivas
    y conseguir cambiarlo realmente.

    Ante el dolor, la humillación o la desgracia.
    La adversidad y el dolor se presentan en la vida de todos. Es una realidad sencilla y patente ante la que caben reacciones muy diversas.
    Unos se crispan, maldicen y patalean. Otros se refugian en la melancolía, pero la melancolía es como una mano engañosa que se tiende hacia nosotros y que nunca logramos alcanzar: es pasajera, volátil, fugitiva.
    La adversidad y el dolor no deben verse como cosas tan terribles. La mayoría de los pensadores que han afrontado seriamente el problema dicen que con ellos viene una enseñanza siempre útil para nuestra vida; que cuando se saben recibir pueden transformarse en algo positivo.

    Los golpes de la adversidad
    son amargos,
    pero nunca estériles.

    Los padres deben dar ejemplo de serenidad frente a los reveses de la vida, de mantener la alegría, de esos valores que se manifiestan cuando, frente a un golpe de destino, lo sabemos aceptar. En la adversidad suele descubrirse al genio, en la prosperidad se oculta, afirmaba Horacio.
    La alegría es una muestra de que va bien todo el entramado de virtudes de una persona. Es como un síntoma claro de que una vida está bien construida, que posee resortes -como decía Cervantes- para echar las penas fuera del alma y ser feliz.
    El dolor y la adversidad constituyen todo un espectro de contrastes en las personas. Unos, con muy poco, se desesperan. Otros, con mucho más, se crecen. El problema no está en que esas adversidades o esos dolores sean muchos o pocos, sino en la riqueza espiritual de las personas que los sufren, en su categoría personal y en el modo en que los asumen. Por eso ha llegado a decirse que la valía de las personas suele ir en función inversa a las facilidades que han tenido en sus vidas.

    Autosuficiencia y consejo
    Cuentan que en un puente estrecho, de aquellos típicos que se encontraban hace unos siglos como colgados entre las dos orillas de un torrente, se paró en cierta ocasión un mulo, afirmándose con terquedad en el sitio.
    Intentaron arrastrarlo por la cabeza, empujarle, e incluso molerle a palos las costillas, pero no había modo de hacerle avanzar. A uno y otro extremo del puente la gente esperaba con impaciencia.
    Hasta que llegó uno que parecía entender de mulos, se acercó, agarró al mulo por el rabo y tiró de él hacia atrás. Al sentir que le querían hacer retroceder, el animal salió como una flecha hacia adelante, dejando el paso libre.
    Hay personas que son como aquel mulo: el mismo espíritu de contradicción. Parece que están esperando a saber de qué se habla para decir que ellos piensan lo contrario. Su norma principal es decir y hacer lo opuesto a lo que se diga o se haga.
    Para educar a esas personas, quizá lo mejor sería contratar los servicios de un experto en testarudos, como ése de la anécdota, para que les diga en cada momento lo contrario de lo que de ellos se quiera conseguir.
    Es triste ser tercos como aquel mulo, o tan autosuficientes que nunca sepamos aceptar un consejo. Todos necesitamos de alguien que nos ayude y nos comprenda; de alguien, al menos, con quien poder desahogarnos alguna vez.

    Desahogarse un poco
    y pedir ayuda
    a quien nos la puede prestar
    es ya un paso importante.
    Primero, porque significa que ya nos hemos dado cuenta de que necesitamos esa ayuda.
    Después, porque al explicar las cosas a otra persona, suelen adquirir más objetividad y entonces ya las comprendemos mejor. Además, el mero hecho de contarlo produce ya un gran desahogo.
    Y por último, porque seguro que nos pueden ayudar mucho con algún buen consejo.

    --Algunos dicen que quienes piden consejo para todo van como a remolque de los demás, que son gente de poca personalidad.

    Pedir consejo no implica seguirlo siempre, ni descargar en quien nos aconseja la responsabilidad de la decisión. No quita que sigamos siendo los autores y supremos responsables de nuestras vidas. El consejo hay que tomarlo de quien nos merezca confianza, y luego decidir por nuestra cuenta.
    Como el niño que aprende a nadar o a montar en bicicleta, poco a poco debe ir soltándose de quien le enseña, para poder aprender. Luego, sin que le estén sujetando, seguirá recibiendo consejos para mejorar su estilo. Pero tan equivocado sería sostenerle indefinidamente como dejarle caer mil veces mientras no logra aprender la técnica del equilibrio.
    Es muy duro para cualquiera no tener a nadie que le sepa dar un consejo oportuno en los momentos de dificultad. Les sucede a veces a las personas mayores, y sucede con más frecuencia a los niños. Muchos no tienen ningún amigo de su edad ni ningún adulto a quien abrir su corazón, nadie en quien confiar.
    Pero más aún sufren aquellos que sí tienen en quien confiar, pero no quieren hacerlo porque son demasiado orgullosos y se empeñan en rumiar pesadamente en soledad lo que seguramente se arreglaría con facilidad en una sencilla conversación de padre a hijo, o de hermanos, o de amigos.
    Siempre contribuirá en gran medida a la paz y la alegría en la familia que todos se preocupen por ayudar.
    Pero a veces resultará más importante
    que aprendamos a dejarnos ayudar,
    a escuchar esa voz amiga
    que tiene la lealtad de darnos un buen consejo.

    Son muchos los que recuerdan con emoción uno de esos encuentros providenciales con un consejo que determinó el cambio de rumbo de una vida.

    Corregir en la familia. Las cuatro reglas


        

    El adolescente tiende por naturaleza a enjuiciarlo todo, tiene una considerable visión crítica de lo que le rodea.

    --Eso no tiene por qué ser malo. Puede ser muy positivo.
    Por supuesto. Pero para que lo sea realmente, para que esa crítica sea positiva, habría que establecer una especie de reglas del juego. Podríamos intentar resumirlas en cuatro:
    Primera. Para que alguien tenga derecho a corregir, tiene primero que ser persona que esté capacitada para reconocer lo bueno de los demás, y que sea capaz también de decirlo: que no corrija quien no sepa elogiar de vez en cuando.
    Porque si una persona no reconoce nunca lo que su hijo o su mujer o su marido hacen bien -y seguro que harán cosas bien, probablemente más que las que hacen mal-, ¿con qué derecho podrá luego corregirles cuando fallen? El que nada positivo encuentra en los demás, tiene que replantear su vida desde los cimientos: algo en él no va bien, tiene una ceguera que le inhabilita para corregir.
    Segunda. Ha de corregirse por cariño. Tiene que ser la crítica del amigo, no la del enemigo. Y para eso, tiene que ser serena y ponderada, sin precipitaciones y sin apasionamiento. Tiene que ser cuidadosa, con el mismo primor con que se cura una herida, sin ironías ni sarcasmos, con esperanza de verdadera mejoría.
    Tercera. Tampoco debe darse la corrección sin antes hacer examen sobre la propia culpabilidad en lo que se va a corregir. Cuando algo marcha mal en la familia, casi nunca nadie puede decir que está libre de culpa.
    Además, cuando uno se siente corresponsable de un error, corrige de forma distinta. Porque corrige desde dentro, comenzando por el reconocimiento de la propia culpa. Y el corregido lo entenderá mucho mejor, porque empezamos por compartir su error con el nuestro, y no lo verá como una agresión desde fuera sino como una ayuda desde dentro.

    --Bueno, estás poniéndolo difícil...
    Es que la crítica destructiva es tan fácil como difícil es la constructiva.
    Resulta muy eficaz que en la familia haya fluidez en la corrección, que se puedan decir unos a otros las cosas con normalidad. Que los agravios o los enfados no se queden dentro de los corazones, porque ahí se pudren.

    --Te falta la cuarta regla.
    Cuarta. Es una regla múltiple, inspirada en las que señala López Caballero. Se refiere a la forma de llevar a cabo la corrección:
    ha de ser cara a cara, pues no hay nada más sucio que la murmuración o la denuncia anónima del que tira la piedra y esconde la mano;
    a la persona interesada y en privado; si no, suele ser contraproducente;
    sin comparar con otras personas: nada de "aprende de tu primo, que saca tan buenas notas", o "del vecino de arriba que es tan educado...";
    con mucha prudencia antes de juzgar las intenciones: hay que presuponer buena voluntad;
    no hablar de lo que no se ha comprobado bien, pues de lo contrario, juzgamos con una frivolidad que espanta; corregir sobre rumores, suposiciones o sospechas, supone hacer méritos para ser injusto: recuerda aquello de que el bien debe ser supuesto, el mal debe ser probado, y eso otro de oír la otra campana, y saber quién es el campanero...;
    específica y concreta, no generalizadora; sabiendo centrarse en el tema, sin exageraciones, sin superlativos, sin abusar de palabras como siempre, nunca...;
    hay que hablar de una o dos cosas cada vez, porque si acumulamos una larga lista, parecerá una enmienda a la totalidad más que un deseo de ayudar;
    sin reiterarlas demasiado: hay que dar tiempo para mejorar..., y además, la excesiva machaconería se vuelve también contraproducente;
    hay que saber elegir el momento para corregir o aconsejar, que ha de ser cuanto antes, pero esperando a estar -los dos- tranquilos para hablar y tranquilos para escuchar: si uno está aún nervioso o afectado por un enfado, quizá sea mejor esperar un poco más, porque de lo contrario probablemente se estropeen más las cosas en vez de arreglarse;
    y poniéndose antes en su lugar, haciéndose cargo de sus circunstancias, procurando -como dice el refrán- calzar un mes sus zapatos antes de juzgar.
    Actuando así, se corrige de modo distinto. Incluso veremos que muchas veces es mejor callarnos: hay quien dijo que si pudiéramos leer la historia secreta de nuestros enemigos, hallaríamos en sus vidas penas y sufrimientos suficientes como para desarmar toda nuestra hostilidad.

    Aprender a equivocarse. El perfeccionismo




    Todos hemos conocido chicos y chicas pequeños que acaban siendo personas raras por culpa de una especie de terror a hacerlo mal.
    Ese chico, o esa chica, a lo mejor no quiere jugar al fútbol o al baloncesto en el colegio, porque dice -y no es para tanto- que no juega bien. O jamás sale voluntariamente a la pizarra, porque le aterra la posibilidad de no saber contestar perfectamente. O no quiere participar de un juego que no conoce, porque no quiere arriesgarse a ser el perdedor hasta que haya conseguido dominar bien todas sus reglas.
    Los perfeccionistas son personas que tienen cosas muy positivas: creen en el trabajo bien hecho, procuran terminar bien las cosas, ponen ilusión en cuidar los detalles.
    Pero tienen también bastantes negativas: viven tensos, sufren mucho cuando ven que no siempre pueden llegar a la suma perfección que tanto anhelan, su minuciosidad les hace ser lentos, y con frecuencia son demasiado exigentes con quienes no son tan perfeccionistas como ellos.
    Una de las cosas más difíciles de aprender es a equivocarse. No me refiero al hecho en sí de fallar, de cometer un error, que eso es muy fácil. Hablo de equivocarse y no venirse abajo, de saber reconocer un error sin sentirse terriblemente humillado. Que no nos suceda como a Guille, el hermanito de Mafalda, aquella vez que su hermana lo encontró llorando desconsoladamente:

    -¿Qué te pasa, Guille?
    -Me duelen los pies -responde entre pucheros.
    Mafalda se fija en los pies del crío y le explica:
    -Claro, Guille, te has puesto los zapatos cambiados de pie, al revés.
    Guille, tras un instante para comprobar el hecho indiscutible, comienza a berrear más fuerte. Mafalda le interrumpe:
    -¿Y ahora?
    -¡Ahora me duele mi odgullo!

    Los fracasos son algo connatural al hombre, le siguen como la sombra al cuerpo. Todos nos equivocamos, y normalmente más de lo que creemos. Por eso, cuando los perfeccionistas se derrumban al comprobar que no son perfectos, demuestran con ello ser personas que cuentan poco con la realidad.
    Debemos aprender a darnos cuenta de que no es una tragedia equivocarse, puesto que la calidad humana no está en no fallar, sino en saber reponerse de esos errores.

    --¿Y no crees que tenemos algo de culpa a veces los padres?
    Se equivocan los padres que crían a sus hijos con estilos perfeccionistas. Quizá educan a su hijo para que jamás suspenda o jamás rompa un plato, cuando más bien deberían educarle para que se esmere en ser un buen estudiante y procure que no se le caiga el plato, y -sobre todo- para que sepa sacar fuerza de cada error y sea capaz de volver a estudiar con ilusión o de recoger los pedazos del plato roto.
    Porque errores los cometemos todos. La diferencia es que unos sacan de ellos enseñanza para el futuro y humildad, mientras que otros sólo obtienen amargura y pesimismo. Conviene educar a los chicos de modo que tengan capacidad de superar los tropiezos con deportividad.
    Da pena ver a personas inteligentes venirse abajo y abandonar una carrera o una oposición al primer suspenso; a chicos o chicas jóvenes que fracasan en su primer noviazgo y maldicen contra toda la humanidad; a otros que no pueden soportar un pequeño batacazo en su brillante carrera triunfadora en la amistad, o en lo afectivo, o en lo profesional, y se hunden miserablemente. El mayor de los fracasos suele ser dejar de hacer las cosas por miedo a fracasar.

    Una aclaración sobre la humildad
    Son muchas las personas -explicaba con gracia C. S. Lewis- que piensan que humildad equivale a mujeres bonitas tratando de creer que son feas, o personas inteligentes tratando de creer que son tontas.
    Y como consecuencia de este malentendido se pasan la vida intentando creerse algo manifiestamente absurdo y, gracias a eso, jamás logran ganar en humildad.

    No debe confundirse la humildad
    con algo tan simple y ridículo
    como tener una mala opinión
    acerca de los propios talentos.

    La humildad nada tiene que ver con una absurda simulación de falta de cualidades.
    -Pues es un error bastante extendido.
    Ya lo creo, y durante siglos se han alzando contra él muchas voces sensatas que venían a recordar cómo la humildad no puede violentar la verdad, y que la sinceridad y la humildad son dos formas de designar una realidad única. La humildad no está en exaltarse ni en infravalorarse, sino que va unida a la verdad y a la naturalidad.
    Quizá, para aclarar conceptos, podemos dejar claro primero lo que no es humildad:
    No se logra la humildad en la familia humillando a los demás (así, suele conseguirse habitualmente lo contrario).
    Ni regateando los legítimos y prudentes elogios a las buenas acciones de los hijos o del cónyuge, con la excusa de evitar que se envanezcan.
    Tampoco conviene a la humildad la continua comparación con otras personas, puesto que a una persona no le viene la justa medida por su relación con otras, sino, ante todo, por lo que de natural debiera ser.
    Ni consiste tampoco en echarse encima toneladas de basura. Porque, además, esas personas autoculpistas no suelen creerse lo que dicen. Se pasan la vida diciendo que tienen muy mala memoria, que son un desastre, que no dan una a derechas...; pero suelen decirlo de modo genérico, y no les gusta que sea otro quien lo dé a entender, y menos si se desciende a lo concreto: cuando van conduciendo, por ejemplo, la culpa será siempre de otro conductor, del coche, o de la carretera, o de que le han distraído; y en el deporte, resultará que le han dado mal el balón, o que el terreno no estaban bien; etc.
    Tampoco es humildad esa triste y victimista actitud de quien dice "es que soy así" y se abandona a sus propios defectos sin molestarse en luchar por mejorar. Eso puede ser comodonería o inconstancia, pero nunca humildad.

    ¿Soportarlo todo? Error de una madre
    «Es una cosa que ha ido empeorando en casa de día en día desde hace ya tiempo -se lamentaba con amargura una chica de diecisiete años.
    »Antes, mi madre tenía más autoridad, pero ahora está como arrinconada y apenas le obedece nadie en nada de lo que dice.
    »La casa se ha convertido en una especie de pensión donde la gente sólo aparece para comer, dormir y pedir dinero. Cada uno vive a su aire, es frecuente que lleguemos tarde a casa sin avisar, y es raro el día que no discutimos.
    »Mis dos hermanos pequeños han perdido el respeto a mi madre. Le llevan siempre la contraria, y alguna vez, en medio de esos enfados, han llegado a insultarla. Me duele ver cómo la tratan, pero no me atrevo a decirles nada, porque la verdad es que tengo que reconocer que yo a veces también he actuado bastante mal y no estoy en condiciones de echarles en cara nada.
    »Mi padre está siempre fuera, desde que cambió de trabajo, y cuando llega a casa no está para nada. Además, como tiene un genio fatal, mi madre prefiere no decirle nada de los disgustos que le damos, y hace bien, porque creo que sería casi peor.
    »Ella sufre mucho y soporta todo con una paciencia y una humildad admirables.»

    -Pues creo que es un error consentir esas actitudes a los hijos.
    Por supuesto, pero estando ya consolidadas, no es nada fácil reconducirlas. Tendría que servir este ejemplo como experiencia para plantear bien las cosas desde el principio, porque la actitud de esa madre ni es paciencia ni es humildad, como pensaba su hija. No puede ser virtud dejarse avasallar de esa manera. En la familia, como en todos sitios, hay que empezar por exigir que a uno le traten con respeto, y eso no es orgullo ni vanidad.
    Hay veces en que a una persona le toca sufrir un drama familiar muy doloroso, y a lo mejor casi lo único que puede hacer es soportarlo todo pacientemente. Pero lo normal es que todos tengamos que dejar las cosas claras todas las veces que haga falta hasta conseguir que se nos respete.
    Quien insulta, sobre todo si es con frecuencia, se descalifica a sí mismo. Y quien lo soporta habitualmente con gesto de víctima puede ser admirable o heroico, pero a veces resulta que es, más bien, simplemente un poco tonto o un poco tonta.

    Hay que poner la energía precisa
    para defender los propios derechos,
    y esto es compatible con la humildad.